- Título: Desayuno en familia
- Autor: Roger Rosenblatt
- Editorial: Maeva
- Año de Publicación: 2012
- Nº de Páginas: 168
- ISBN: 978-84-15120-36-0
Hay libros que estamos seguros que viendo su portada,
estamos seguros que nos van a gustar. Pero claro, a veces nos podemos
confundir. Y eso es lo que me pasó a mí con este libro: que me hice una idea
equivocada con él. Pensaba que me iba a encantar y, aunque no se puede decir
que no me haya gustado, no es el libro que esperaba. Luego os explicaré el
motivo con más detalle, pero tiene que ver con mi gusto sobre cómo contar una
historia y aquí la narración se basa en detalles, anécdotas y eso,
personalmente, me llega a aburrir soberanamente. Es una opinión personal, ya os
digo.
Como siempre ocurre con las portadas de Maeva, ésta es de lo
más suculenta: aparece la imagen de un desayuno con una taza llena de algo que
bien puede ser un café o un té (supongo que en España seamos más de café que de
té para empezar el día) y unas tostadas con su mermelada de esas que quitan el
hipo. Las imágenes de desayunos son las que más me gustan en lo relativo a
comidas, ya sea porque suelen llevar dulce o por qué razón, pero sólo verlas,
ya parece que huelen y todo. Sí, el libro tiene que ver con los desayunos, como
nos dice el título: desayunos familiares de esos que, lamentablemente no
solemos hacer y que, sólo vemos en series como Médico de familia. Que yo
recuerde, quitando cuando era pequeña y no tenía que ir al colegio y estábamos
toda la familia, nunca más desayunamos toda la familia junta. Tenemos horarios
diferentes y 2 en una mesa ya son multitud.
En este libro nos hablan de una familia que no sólo tiene
que desayunar echando de menos a alguien si no hacer toda su vida. Ellos han
perdido a uno de sus miembros más importantes: la madre, que también era esposa
o hija.
ROGER ROSENBLATT, EL AUTOR:
Parece ser que esta es su única novela, al menos traducida
al castellano, ya que no se encuentra ninguna otra en español en las librerías.
Es periodista, guionista y escritor y trabaja como editor en el The New York
Republic, aunque también trabajó en otros medios.
ARGUMENTO:
La familia protagonista de esta historia pasa por una de las mayores tragedias que le pueden ocurrir a unas personas: la muerte de una joven madre de deja hijos de corta edad. Todo el mundo que pasa por ello, afirma que es un recuerdo tan doloroso y triste que no se puede describir. Para los niños la figura de la madre es imprescindible y su pérdida es algo que no pueden llegar a comprender. Si un niño llora sólo con no estar con su madre unos días, imaginad lo que es que le digan que nunca más va a volver a estar con ella.
Amy sólo tenía 39 años y una vida perfecta: estaba casada con un médico como ella, tenían 3 hijos entre los 9 años y el año de edad y su economía era lo que se dice acomodada (al menos es lo que se puede intuir en la historia). Un día, haciendo gimnasia, cae redonda y se va para siempre. La familia queda desolada y por ese motivo los padres de Amy se van a vivir con el viudo y los tres pequeños. Y, aunque la pérdida de Amy es irrecuperable, todos tratan de vivir lo más felizmente posible.
OPINION PERSONAL:
Lo que más me gustó del libro es la sensibilidad que en él
se desprende y que no sea el típico libro lacrimógeno y sensiblero, pudiendo
caer hasta en el morbo en ocasiones. Tanto la perdida de la protagonista como
su ausencia son tratadas de manera delicada y sencilla, sin que por ello el
autor quiera hacer que “aquí no pasa nada”. Eso sería absurdo, está claro. A la
familia protagonista le ha ocurrido una gran tragedia (sólo de pensarlo se me
están saltando las lágrimas) y lo único que tratan es de vivir de la mejor
manera posible, ya que la vida sigue.
Amy está siempre ausente, pero es el gran protagonista de la
historia. El narrador es su propio padre y a través de él, vamos conociendo a
Amy: anécdotas de su infancia, sus estudios, su noviazgo con el padre de sus
hijos… Una vida llena de proyectos que acabó en sólo unos minutos, dejando un vacío
imposible de llenar. El muerto se va y no se entera y los que se quedan son los
que sufren su perdida. ¿Para quién es peor? Difícil respuesta, pero en el libro
te das cuenta de que “donde hay vida, hay esperanza” e incluso los padres de
Amy sueñan con que su yerno rehaga su vida con otra mujer.
Pero, como os decía al principio, el libro no me ha gustado
en exceso. Según lo leía, me estaba dando un poco igual. Está todo dividido en párrafos
(no hay capítulos) y está todo el rato con anécdotas, pensamientos, recuerdos…
y no se acaba de hilar la historia. Los que me seguís, sabréis que no me suelen
gustar este tipo de libros. Prefiero que sea un libro con su estructura de
siempre y no tanto basado en reflexiones y batallitas. Muchas veces son simples
frases que te cuentan una cosa con la que te quedas fría. Su lectura, en este
sentido fue bastante monótona y hasta cierto punto aburrida. Son de estos
libros que estás deseando acabarlo para ver cómo acaba sin más.
El personaje que más me gustó fue Roger, el padre de Amy. Es
un hombre con el que empatizas y sientes mucha compasión por él. Con lo que le
ha ocurrido y lo único que quiere es tirar para adelante. No sólo tira de él, si no que tiene que tirar de toda la
familia.
El resto de personajes, no digo que estén desdibujados, pero
son bastante secundarios. Por un lado están los 3 hijos pequeños de Amy y
nietos de Roger. El más pequeño es aún un bebé y no se da cuenta de nada (hasta
que crece). Por otro lado, está la madre y el esposo de Amy, que tratan de
llevar su ausencia lo mejor posible.
Resumiendo: que aunque no me gustó en exceso, el libro
desprende ternura y esperanza. Es una historia triste pero con un trasfondo muy
humano que te hace ver la vida con optimismo.


















